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New home, sweet home?

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Hace ya casi dos meses que el señor E. y yo estamos instalados en nuestra nueva casa y nunca, nunca, nunca pude imaginar lo que me desesperaría una mudanza.

Yo siempre me he querido mudar, de pequeña siempre deseé que mis padres se arriesgaran y meter todas nuestras cosas en cajas y ala! Después de vivir en Barcelona (y cambiar dos veces de piso) comprendí que no es tan guay como se piensa, aunque tan poco tan malo si solo tienes que mover unas pocas maletas con ropa y apuntes.

señoreyyoEl señor E. y yo en un descanso

Pero amigo, llega el momento en el que firmas un contrato y te encuentras con un montón de habitaciones vacías que hay que limpiar y después llenar. También todo hubiera sido más fácil si no hubiéramos tenido que esperar casi mes y medio para tener algo tan básico (y que si no lo vives no te das cuenta de lo necesario que es) como agua y luz. Sí, mes y medio para que un señor (de cada una de las compañías) viniera a la casa, mirase que todo está bien, redactara un informe y que un superior se lo aceptara. Después de todo esto ya te dejan hacer tu contrato y te sacan unos pocos euros por si no hubiera habido bastante.

Superada la fase de dar de alta servicios llega el momento de limpiar. Con tu cubo, fregona y demás te crees el dios del mundo y que eso en un par de tardes estaba listo. Pero no, se tarda un poco más y para rematar entre medias tienes que visitar unas 200 veces todas las tiendas de bricolaje que se te ocurran. Súmale a esto las otras tantas visitas a Ikea, con su cargamiento de muebles correspondiente.

Pero ya, por fin, esto parece una casa aunque por momentos parecía algo imposible.

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La adoración de la heladera

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Hace un año más o menos, empezaron a crecer como setas por los blogs de cocina que sigo recetas y más recetas de deliciosos helados caseros. Cuando ya vi más de la cuenta, me mosqueó y al final di con la clave: Lidl había sacado entre sus ofertas semanales una heladera por algo más de 20 €. En ese momento no la conseguí, pero me juré —poniéndonos dramáticos— que la próxima vez que saliera iría a por ella.

Entre que ya prácticamente lo tenía olvidado y que no soy muy asidua a mirar las ofertas de este supermercado, casi me la pierdo! Menos mal que el Señor E está en todo y en cuanto salió la oferta me avisó y yo pude conseguir la heladera!

Desde entonces he entrado en un bucle de adoración a la heladera del que me está costando salir, ¡no paro de pensar nuevos inventos qué hacer!

Por el momento sólo he probado a hacer uno, helado de nutella. Que casi sale perfecto, el único fallo ha sido la textura. Pero a la próxima lo conseguiré!

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Despidos y despedidas

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Hace apenas dos días, llegaba a trabajCaptura de pantalla 2013-03-15 a la(s) 19.16.39ar y me encuentro a mi compañera recogiendo porque la acaban de despedir.

Sí, imagínate que estás trabajando como un día cualquiera y a mitad de tu jornada, cuando en lo único que estás pensando es en qué vas a comer, llega tu superior y te dice que te puedes ir y que no hace falta que vuelvas.

Así, sin más, sin anestesia. Sin esperarlo. Y sin motivos. Porque las excusas oficiales no son más que eso, excusas que distan mucho de los motivos reales que han llevado a esa decisión. Pero ya lo decía el otro día, por encima no tenemos más que incompetentes que intentan salvarse el culo a toda costa. Y en cuanto tienen la mínima sospecha de que alguien puede desenmascararlos, te echan. Porque tienen ese poder.

Ahora me toca cambios de turno extraños hasta que averigüen a quién van a mandarme como nuevo compañero. Y yo cada día con más dudas. Y nadie que me ayude a resolverlas.

Los incompetentes (o el mono que pilota)

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Si hay algo que no logro comprender del mundo laboral son a los jefes (o mandos superiores) incompetentes. Esos que sólo buscan echarte mierda, dan malas contestaciones, no valoran (ni recompensan) ninguno de tus esfuerzos y piden imposibles sin parar.

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Se supone que a trabajar tienes que ir con ganas, para darlo todo y estar a gusto con la empresa. Pero no, logran todo lo contrario, que te levantes con ganas de que te despidan ese mismo día (a poder ser a primera hora) y con la única motivación de que a final de mes cobrarás (aunque claro, tampoco mucho no vaya a ser que nos dé para todo!).

Para mí es la primera vez que me siento así y no tiene nada que ver con que el trabajo no sea “de lo mío” ya que no siempre he tenido esa suerte. Y la verdad que no sé qué hacer.

En pocos meses se acaba mi contrato ¿qué haré? Pues no lo sé, la única motivación es el dinero. Y esa no es la mejor de las motivaciones.

Y los lunes serán los nuevos domingos…

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Un mes en el paro hacía justo el día que después de pensármelo y poner la pereza a un lado, me saco una cita y voy al SAE para darme de alta como demandante de empleo. Porque no está de más, aunque de poco sirve.

Total, que después de esperar un buen rato, aguantar los olores a humanidad de la oficina y conseguir mi papelito que dice que soy una desempleada oficial más, vuelvo a mi casa. Y nada más llegar, me llaman para preguntar si me interesaría ir a una entrevista esa misma tarde.

Tras media hora de entrevista, aprovechando que estaba cerca de mi anterior oficina me acerqué a saludar a mis compañeras y a llevarles el detallito que les traje del viaje.

Apenas 10 minutos duró mi visita y al salir, me llamaron para decir que me había cogido para el trabajo y que empezaba al día siguiente. ¡Voy a ser librera! Entre las gafas negras de pasta, que estaré en un museo y el flequillo… más gafapasta imposible.

Y así, gracias a un email, hace ya una semana que vuelvo a tener trabajo de martes a domingo. Al menos durante unos meses.

 

Surcando los mares

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Porque algo bueno debía tener lo de trabajar en una agencia de viajes.

Unos días antes de terminar mi contrato empecé a pensar que, ya que el tiempo libre no me iba a faltar, tenía que aprovechar y buscarme unas vacaciones para sacar partido al descuento que me podrían hacer. En un principio empecé a mirar hoteles por distintas ciudades del norte de Europa, pero pronto surgieron algunos problemas. Si en esa zona los hoteles eran baratos, el vuelo salía por un ojo de la cara —y al contrario—.

Hasta que un día, a sugerencia del señor E., pregunté a mis compañeras de cruceros si tenían alguna oferta de la que me pudiera aprovechar. Y ahí surgió la oportunidad. Una semana, con todo incluido y visitando distintos puntos de Italia por menos de lo que nos hubiera salido cualquier otra opción. Y lo mejor, la salida es desde Málaga por lo que nos quitamos el tener que pesar y facturar maletas.

Así que nada, mañana a estas horas, estaremos ya surcando el mar Mediterráneo dirección a la primera de las escalas en estas más que merecidas vacaciones.

 

El fin

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Ya se acabó el verano. Se acabaron los días de calor asfixiante (al fin!!!). Y se acaba mi contrato.
Depués de pasarme todo el verano buscando hoteles y reservando las vacaciones de muchos, llega el momento de mis “vacaciones forzosas”

A partir de la semana que viene pasaré de nuevo a ser parte de esa gran empresa que es el Inem y a buscar y esperar que salga algo.

Creo que esta vez me voy con más pena que nunca de esta empresa, pero ahí quedará la posibilidad de volver cuando lleguen temporadas mejores.