De series británicas

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Parece que con el paso de los días he conseguido acabar con las pocas ganas de ver series y me he puesto al día (o casi) con todas aquellas que tenía abandonadas —hasta con Once Upon a Time, y mira que se me hace pesadisisisima—.

De hecho, en el último par de semanas me vi dos grandes series de la televisión británica: Sherlock y, la menos conocida, The Crimson Petal and the White. De la primera había leído por varios blogs que lo bien que estaba y lo mucho que la recomendaban; pero no fue hasta que el Señor E. empezó a verla cuando me dieron ganas de echarle un vistazo. La busqué y en unos días ya me había visto las dos temporadas (son sólo 3 capítulos cada una) y me ha ENCANTADO. La trama está muy bien trabajada, pero sobre todo destacaría la banda sonora, el montaje y la posproducción que tiene —hacen que la serie sea redonda—; además de, está claro, Sherlock (Benedict Cumberbatch) que hace un trabajo magnífico.

La única pega que le puse a la serie mientras la veía —y que ya me había advertido el Señor E. porque me conoce— es su duración, cosa que tiene en común con casi todas las series británicas. Cada capítulo es de una hora y media. Aunque lo intente, y por más que me guste la serie, no puedo ver los capítulos de más de 40 minutos del tirón. No sé porqué siento la necesidad de ir parándolos.
Pero aún así, el último capítulo logré verlo del tirón: es genial.

Alternándola con la anterior, me vi los cuatro capítulos de la miniserie The Crimson Petal and the White. Hace unos meses había leído sobre ella, me la había apuntado y después la olvidé. Pero una tarde de aburrimiento, volví a dar con ella y la empecé. Está basada en la época victoriana en Londres y cuenta cómo cambia la vida de una de las prostitutas más famosa de la ciudad, Sugar, al cruzarse con el empresario William Rackham. Es una serie que no se corta un pelo en mostrar la sordidez de la época o todas las escenas de sexo que han querido —se nota que los británicos no son para nada tan recatados como los de EEUU—.

Lo que más me llamó la atención nada más empezar la serie fue encontrarme de nuevo con Chris O’dowd, más conocido por su papel de Roy en IT Crowd. A pesar de ser un personaje tan distinto, no podía quitarme de la cabeza lo desgraciao que es en la serie de los informáticos.

Ahora a ver si consigo terminar de ver algunos capítulos que me faltan y empezar a ver Smash, que tiene muy buena pinta!

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