Archivos Mensuales: febrero 2012

El pisito, Albertucho

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Ratonera de mis sueños, en mi cuarto el mundo entero y un florero de jardín.

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Pinterest o la nueva forma de perder el tiempo

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A finales de 2007 me registré en Twitter sin saber muy bien qué se hacía allí, desde entonces estoy enganchada —21.000 tweets lo avalan— y no hay momento en el que no mire las actualizaciones de mis contactos. Me gusta porque sigo a gente interesante y a través de ellos se pueden encontrar grandes cosas.
Bastante tiempo después, y tras muchas peticiones de amigos, entré en FB. No lo actualizo demasiado, pero ahí estoy comentando las chorradas de unos y de otros.

Lo último ha llegado ahora, Pinterest. Ya lo habían comentado por Twitter, pero no entendía de que iba. Así que entré, cotilleé y me ha encantado como otra forma de perder el tiempo que me sobra. En Pinterest hay fotos, miles, de todos los temas: comida, ciudades, DIY, ropa, complementos… Puedes colgar tus propias imágenes y categorizarlas según quieras, hacer “repin” en las imágenes de otros para ponerlas en tu perfil o hacer “like”.
No sé cuánto durará la moda Pinterest, pero por ahora me quedo que hay cosas muy chulas que ver y compartir.

El día que nos hicieron un abordaje

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A raíz del tweet de una amiga he recordado una historia que me pasó hace ya algunos años. Estaba, creo, en bachillerato y con mi grupo de amigas nos decidimos a ir a la playa a echar el día.
Después de comer estábamos ya un poco hartas y se nos ocurrió alquilar un hidropedal, de esos con tobogán y todo.

Total, lo alquilamos, nos montamos y empezamos a adentrarnos en el mar para quitarnos de la parte en la que está la gente bañándose y comenzamos a pasear. Cuando ya llevábamos un rato, empezamos a escuchar mucho ruido de gente y lo vimos. Una horda de gitanos venían nadando a toda mecha hacia nosotras. Sí, nos querían abordar.
Nuestras caras eran un poema, flipábamos y no sabíamos que hacer.
Al final algunos consiguieron llegar hacia nosotras y mientras intentaban trepar en el hidropedal nos decían: “Nooo ve priiiima, que nosotro sólo queremo tirarno por la *chorraeeeeraaaa“. Como pudimos les empujamos y nos los quitamos de encima y pudimos salir de allí corriendo.

Ahora que recuerdo la escena, sigo flipando tanto como en aquel momento.

*Chorraera: en Málaga, a los toboganes se les dice así. Si eres de aquí y no conoces esa palabra, no has tenido infancia.

De series británicas

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Parece que con el paso de los días he conseguido acabar con las pocas ganas de ver series y me he puesto al día (o casi) con todas aquellas que tenía abandonadas —hasta con Once Upon a Time, y mira que se me hace pesadisisisima—.

De hecho, en el último par de semanas me vi dos grandes series de la televisión británica: Sherlock y, la menos conocida, The Crimson Petal and the White. De la primera había leído por varios blogs que lo bien que estaba y lo mucho que la recomendaban; pero no fue hasta que el Señor E. empezó a verla cuando me dieron ganas de echarle un vistazo. La busqué y en unos días ya me había visto las dos temporadas (son sólo 3 capítulos cada una) y me ha ENCANTADO. La trama está muy bien trabajada, pero sobre todo destacaría la banda sonora, el montaje y la posproducción que tiene —hacen que la serie sea redonda—; además de, está claro, Sherlock (Benedict Cumberbatch) que hace un trabajo magnífico.

La única pega que le puse a la serie mientras la veía —y que ya me había advertido el Señor E. porque me conoce— es su duración, cosa que tiene en común con casi todas las series británicas. Cada capítulo es de una hora y media. Aunque lo intente, y por más que me guste la serie, no puedo ver los capítulos de más de 40 minutos del tirón. No sé porqué siento la necesidad de ir parándolos.
Pero aún así, el último capítulo logré verlo del tirón: es genial.

Alternándola con la anterior, me vi los cuatro capítulos de la miniserie The Crimson Petal and the White. Hace unos meses había leído sobre ella, me la había apuntado y después la olvidé. Pero una tarde de aburrimiento, volví a dar con ella y la empecé. Está basada en la época victoriana en Londres y cuenta cómo cambia la vida de una de las prostitutas más famosa de la ciudad, Sugar, al cruzarse con el empresario William Rackham. Es una serie que no se corta un pelo en mostrar la sordidez de la época o todas las escenas de sexo que han querido —se nota que los británicos no son para nada tan recatados como los de EEUU—.

Lo que más me llamó la atención nada más empezar la serie fue encontrarme de nuevo con Chris O’dowd, más conocido por su papel de Roy en IT Crowd. A pesar de ser un personaje tan distinto, no podía quitarme de la cabeza lo desgraciao que es en la serie de los informáticos.

Ahora a ver si consigo terminar de ver algunos capítulos que me faltan y empezar a ver Smash, que tiene muy buena pinta!