Piano

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Y posó suavemente sus manos sobre las teclas de su viejo piano, sin hacerlas sonar. Aún no había decidido que iba tocar.
Se detuvo un momento y observó su mano y sus dedos, delgados, que no ocultaban su edad. Pero que tampoco le importaba.

Unos segundos después comenzaba un movimiento continuo y delicado de sus dedos haciendo sonar, una vez más, el Réquiem Alemán que hizo famoso a Brahms y que no le había dado ningún éxito a ella, más que pasar alguna prueba en el conservatorio.
Y de eso hacía más de 30 años.

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